Joaquín Murrieta Orosco, El Patrio

¿Qué se entiende por bandolerismo social?, se pregunta el investigador de la historia chicana Carlos Cortés y a continuación se responde con palabras del investigador británico Eric J. Hobsbawm: "... proscritos campesinos a quienes el seaor y el Estado consideran delincuentes, pero que permanecen en el seno de la sociedad campesina y son considerados héroes por su pueblo, paladines, vengadores, luchadores de la justicia, quizá hasta jefes del movimientode liberación, y en todo caso gente que merece admiración, ayuda y apoyo... el bandolerismo social está en todo el mundo en las sociedades basadas en la agricultura (incluyendo la economía pastoral), y lo ejercitan principalmente campesinos y peones sin tierra dominados, oprimidos y explotados por alguien --los señores, los poblados, Ios gobiernos, los abogados y hasta bancos--. Se encuentran entonces en cualquiera de sus tres formas: el noble bandido al estilo de Robin Hood, el luchador primitivo de la resistencia o la unidad guerrillera o quizás también el vengador que siembra el terror".

Los bandoleros sociales generalmente surgen en el seno de sociedades esencialmente agrarias dice Cortés - como producto de condiciones socioeconómicas opresivas. Al contrario de la gran mayoría de sus hermanos campesinos, algunos se niegan a someterse a la opresión convirtiéndose en bandoleros. El bandolerismo social chicano surgió en los territorios norteños que habían sido mexicanos hasta 1847 y que se transformaron en estadounidenses después de la invasión y conquista de la parte noroccidental de México.

Una población de 75 mil mexicanos de la noche a la mañana cambiaron de nacionalidad, como lo disponía el Tratado de Guadalupe Hidalgo y casi de inmediato comenzaron a sufrir las funestas consecuencias de haberse convertido súbitamente en extranjeros en su propia tierra.

Algunos mexicanos, habitantes de los territorios conquistados, trataron de salvarse mediante la asimilación, lucharon por su salvación individual a través de la alianza política o económica con los angloamericanos, o se sometieron convirtiéndose en los peones de la nueva sociedad. Pero hubo otros que resistieron, ya fuera luchando contra el sistema implantado por los estadounidenses, ya fuera creando y sosteniendo núcleos de resistencia cultural pasiva o mediante la violencia extralegal, convirtiéndose en bandoleros sociales.

Hay una lista larga de esos bandidos que operaban en las comarcas invadidas; entre otras se mencionan a Francisco Bárcenas, Narciso Bojórquez, José California, Joaquín Carrillo, Cleovaro Sánchez, Escalante, El Zorro, --que dio origen a la leyenda--, Juan Flores, Tomaso Redondo, Tiburcio Vázquez y muchos más. Uno de los bandidos sociales de origen mexicano más famoso fue Joaquín Murrieta Orosco, quien operó en Califomia en los años 50 del siglo XIX y de todos los bandoleros chicanos es el que más se parece a la figura del legendario Robin Hood. Como resultado de las tensiones étnicas provocadas por la fiebre del oro en Califomia, los mexicanos fueron objeto de actos violentos, especialmente después de que el gobierno estatal promulgó en 1850 la discriminatoria Ley de Impuestos a los Mineros Extranjeros, que implicitamente alentaba a los milicianos armados angloestadounidenses a que expulsaran de los placeres a los extranjeros y a que los obligaran a renunciar a los derechos adquiridos en sus denuncias. Ante esta injusticia muchos mineros mexicanos se hicieron bandoleros y entre ellos Joaquín Murrieta.

En la primavera de 1853 la legislatura estatal autorizó a un ex texano llamado Harry Love a que organizara una partida de rurales para perseguir bandoleros y Joaquín frguraba en la lista de los "enemigos públicos" más cotizados --el gobernador de Califomia, mil dólares en su cabeza--.

Después de una búsqueda de tres meses, la legión de Love se encontró con un grupo de mexicanos no indentificados cerca del Paso de Panoche, el oeste de los Lagos de Tulare y mató, al menos, a dos de ellos. A uno le cortaron la cabeza y al otro una mano, ya antes mutilada en parte; los colocaron en frascos de vidrio y afirmaron haber matado a Jack García, llamado Tres Dedos, y a Joaquín Murrieta y así cobraron la recompensa ofrecida por el gobierno del estado.

A pesar de que el mexicano decapitado nunca fue identificado, de que ninguno de los rurales tenía la menor idea del aspecto de Joaquín Murrieta excepto que tenía que parecer mexicano y de que personas tales como el editor del periódico "Alta" de San Francisco afirmaron publicamente, después de entrevistar a uno de los mexicanos que había escapado de los rurales, que el muerto era en realidad Joaquín Valenzuela, lugarteniente de Joaquín, la llamada "cabeza de Murrieta" inició una gira de varios años por los museos y ferias de Califomia.

La historia de Joaquín Murrieta posiblemente habría sido olvidadada si no hubiera sido por un periodista de origen cheroqui llamado John Rollins Ridge, que aprovechando la fama adquirida por Murrieta, y su presunto asesinato por Hany Love, escribió una novela --Vida y aventuras de Joaquin Murrrieta, célebre bandolero californiano -- en la que supuestamente describe la vida, aventuras y muerte de Joaquín. La prosa de Ridge ayudó a colocar a Murrieta en un lugar prominente dentro de las tradiciones de Califomia y para los mexicanos su imagen se agrandó de tal manera que se le llamó El Patrio, símbolo de la causa perdida que había terminado con el Tratado de Guadalupe Hidalgo.

Joaquín Murrieta y sus hombres se refugiaron en la espesura de la población mexicana de Madre Lode, cuya cobertura era amplia y segura. Integró a sus compañeros en un sólido grupo, que por la simpatía de los habitantes mexicanos aumentó sus operaciones y efectividad. Así Joaquín Murrieta y sus hombres fueron la expresión sublimada de los deseos de los mexicanos de sacudirse el yugo de los anglos y a su muerte la admiración de sus compatriotas se reflejó en canciones y corridos que conforman hoy su propia épica.

Corrido de Joaquín Murrieta (fragmento)

Señores: Soy mexicano pero comprendo el inglés me lo aprendí con mi hermano al derecho y al revés a cualquier americano lo hago temblar a mis pies.

Yo salí desde Hermosillo en busca de oro y riqueza al indio noble y sencillo lo defendí con fiereza ya en Califomia mil pesos pagaban por mi cabeza.

A los ricos avarientos les quitamos su dinero con los humildes y pobres nos quitamos el sombrero jay! qué leyes tan injustas al llamarnos bandoleros.

Me he metido en las cantinas de los pueblos y condados.
Tú serás el capitán, el que mataste a mi hermano lo agarraste indefenso, ¡desgraciado americano! No soy chileno ni extraño en este suelo que piso de México es Califomia porque Dios así lo quiso en mi sarape terciado traigo mi fe de bautizo.

José Ledezm Reyes, Nuevo Aztlán, #10, Diciembre, 2002

 

Joaquin Murieta

Califomia's Chicano Geronimo

In March of 1847, a group of New York hoodlums (On a mission by POLK to "take" [steal] the land "at all cost") recruited to fight the Mexican army sailed into San Francisco Bay to find the Mexican-American War over. The recruits, many of them former members of such infamous New York street gangs as the Bowery Boys, the Dead Rabbits, and the Pug Uglies, were discharged and made their way into the gold fields when the gold rush began in the spring of 1848. There, supported by the belligerently xenophobic policies of the Know-Nothing party, they contributed considerably to the already deplorable persecution of Mexican miners, stealing and destroying their possessions, driving them from their gold claims, stealing their livestock, and raping their wives.

Mexican miners and farmers who did not immediately give up property that an Anglo-American desired were often HANGED. The persecution of Mexicans during the California gold rush inspired the rise to infamy of Joaquín Murieta, the ballsiest and most bloodthirsty "bandit" in the history of California. He was bom Joaquín Carillo in Sonora, Mexico. In the mid-1840's he came to California as a horse brainer for a travelling circus, accompanied by his wife, Rosita Felix, later known as Antonia Molinera.

In the spring of 1849 Joaquín headed for the gold fields and staked a rich claim in Stanislaus County. He was evicted from his claim by white miners, who beat him and raped his wife. A few days later, he returned to his camp on a horse borrowed from his brother to retrieve the scattered remains of his possessions, and was immediately accused of having stolen the horse. To prove his innocence, he went with the miners to his brother's ranch, where the miners lynched his brother and took whatever they wanted of his livestock. They then stripped Joaquin naked, tied him to a tree, and whipped him nearly to death.

Anxious for revenge, eighteen-year-old Joaquín Carillo became Joaquín Murrieta the outlaw, and assembled a horde of eighty horsemen, all with powerful grudges against the white miners. Murieta and his band robbed stagecoaches, mining camps and small towns, and shared the wealth with persecuted Mexicans. Joaquin's wife, wearing men's clothes and with her hair cut short, rode with his band and played an active role in many robberies and murders, staying by his side until the end. Joaquin reputedly killed every one of the miners that drove him from his camp and assaulted his wife, and every member of the mob that whipped him and lynched his brother. Capturing most of them alive, he executed them by dragging them to death behind his galloping horse. Joaquín often boldly rode alone into small towns to buy supplies. Nobody dared to touch him, for they knew tbat if molested or even annoyed, he would return with his band and torture and kill every person.

In 1852, the California Legislature offered $5,000 for his capture, dead or alive. Joaquín rode into Stockton just as a Deputy Sheriff was attaching his wanted poster to a tree. Joaquin elbowed his way through the crowd and wrote at the bottom of the poster, "I will pay $1000 myself," signed his name, and rode out of town without a scratch. In May of 1853, the Legislature authorized Captain Harry Love, a Deputy Sheriff of Los Angeles, to raise a band of twenty-five men to hunt Joaquín Murrieta down and kill him. Captain Love bribed a gambler friend of Murieta's named William Burns to betray the outlaw. Joaquín and his chief lieutenant, Three Fingered Jack, were ambushed by Love and his rangers, and shot to death. Captain Love was paid $6,000 for his work but was killed soon after in a duel, and Burns the gambler was shot to death by Joaquín's friends. Joaquín's head and Three-Fingered Jack's mutilated hand were severed from their bodies and placed on display in ars filled with spirits in a shop on the corner of Halleck and Sansome in San Francisco. Though authorities were convinced that the head was indeed that of Joaquín Murrieta, his wife claimed that he had sent a herd of horses and $50,000 in gold to his hometown in Sonora and was in retirement there. The head eventually wound up in Dr. Jordan's Museum of Horrors, on Montgomery Street, and was destroyed in the great earthquake and fire of 1906. Joaquín the bandit was twenty-one years old when he died, his criminal career having lasted three years. Elements of his career (e.g., the names 'Joaquín Murieta,' Captain Love,' and 'Three-Fingered Jack,' as well as the head in the jar) were borrowed for the recent movie, The Mask of Zorro.

Source: The Barbary Coast: An Informal History of the San Francisco Underworld. By Herbert Asbury. Alfred A. Knopf, Inc., New York, 1933.

La marca del zorro

Durante tres días, 86 jinetes recorrieron el valle central californiano en una peregrinación que evoca el mito de Juaquín Murrieta, el Robin Hood de las Sierras.

Del campamento a orillas del rio Chowchilla, en California, sale olor a caballos, sonidos de voces y de música ranchera. Emiliano Tabárez, portando una bandolera al pecho, un pañuelo con estrellas y franjas anudado al cuello, y una pistola en la cintura, codea su sombrero de charro sobre la cabeza y explica por qué se pasó nueve horas montado a caballo soportando un calor de 100 grados. "Según la leyenda, Joaquín Murrieta era como un Robin Hood. Robaba para ayudar a los pobres", dice Tabárez. "Y uno se siente contento porque hace el viaje con el grupo. Pero también con él".

Es el primer día de la Murrieta Horsemen's Pilgrimage, la vigésimoprimera peregrinación anual de caballos, calor y cuentos que recorre 60 millas del valle central --y el alma-- de California. La peregrinación se realiza anualmente durante el último fin de semana de julio como un tributo al infame bandido Joaquín Murrieta. Según la leyenda, Murrieta se trasladó de Sonora, México, a California atraído por la Quimera del Oro de 1849, fue atado a un árbol por ocho mineros blancos racistas, y golpeado hasta morir mientras lo forzaban a ver cómo violaban y mataban a su esposa. Después, le robaron el título de sus minas y ahorcaron a su hermano.

La leyenda cuenta también que Murrieta no sólo se vengaría luego de los ocho asesinos, sino que dedicaría su vida a robar cargamentos de oro para ayudarles a los pobres, convirtiéndose en el Robin Hood de las Sierras. Nunca nadie pudo probar la veracidad de todo esto. Ni siquiera aclarar cómo se deletrea su nombre.

Pero no importa. A lo largo de los años, la leyenda de Murrieta ha sido inmortalizada en la película "La marca del Zorro" y por el poeta chileno Pablo Neruda. Para los mexicoamericanos, Murrieta se ha convertido en el símbolo contra la injusticia y la discriminación.

Sin embargo, mayormente gracias al esfuerzo de Sigurdur Christopherson, un islandés nacido en Canadá, esta peregrinación es más sobre el perdón que sobre la venganza. Christopherson, quien comenzó a llamarse "Mexican Sigui" después de que la comunidad local donó la sangre que necesitaba para una transfusión, fue su fundador.

Sigui tuvo una revelación de que el Arroyo Cantua, donde Murrieta fue supuestamente asesinado el 25 de julio de 1853, es un lugar divino, y que los hombres asesinados allí eran gente especial enviada para enseñarnos a sufrir y a sanar el sufrimientos de los dermás. "Sintió que llevaba la presencia [de Murrieta] consigo cuando circulaba por esos parajes", dice su amigo y cofundador de la entidad, Jesse López.

Al año siguiente, Sigui y 15 amigos, incluido López, hicieron la primera peregrinación a caballo a lo largo de las 6,2 millas que van desde Three Rocks hasta el Arroyo Cantua. Este año, el viaje duró tres días e incluyó 86 jinetes en un circuito de 60 millas. Y por primera vez, Sigui no participó porque murió en mayo. "Éste es el camino de Sigui", dice Manuel Olgin, un educador de la Universidad Estatal de Fresno, quien ya realizó la procesión previamente.

Pero lo que antes era un grupo de amigos íntimos que querían rendir tributo a Murrieta, ahora se ha convertido en una entidad legal sin fines de lucro.

Sin embargo, los herederos mantienen el espíritu saneador de Sigui, de comunidad y familia. Gente como los hermanos Robert y Mike Murrieta, y el primo Ralph (quien deletrea su apellido Murrietta) están allí todavía porque sienten la conexión familiar con Joaquín. Sus padres emigraron de Trincheras, la misma ciudad de Sonora de que salió Joaquín Murrieta. iO es Murrietta?

En 1999, Ralph se enamoró de una mujer de la zona durante un baile realizado frente a la iglesia católica de Nuestra Sefiora de Lourdes, de Three Rocks, cuya población oficial de 108 habitantes se cuadruplicó para la danza de este año. Allí estaba también el mismo trozo de losa alrededor del que se congregaron los jinetes a la mañana siguiente para escuchar la misa oficiada por el padre Ricardo Barajas, quien bautizó a Marlene Mancebo, una de las ocho mujeres que participó en la peregrinación.

Menos de tres horas después, el grupo de jinetes --padres e hijos, madrinas y padrinos y ahijadas, amigos y amantes-- Ilegaron al Arroyo Cantua. López repartió certificados y placas, y los dos hijos y un hermano de Sigui se congregaron al borde de un barranco, donde liberaron cinco palomas. Luego, entre gritos de "Viva Sigui", vaciaron dos bolsas con cenizas en el Arroyo Cantua. Los chicos lloraban y los viejos secaban sus propias lágrimas.

"Sigui era como Joaquin, dice Olgin. "Hoy es un mito... hay Siguis mexicanos en todos lados". ·

Rafael De La Cruz, People en español, octubre del 2000

A Journey Into History

A ceremonial 70-mile ride, undertaken yearly, does more than pay homage to a Mexican hero of the Gold Rush era. It is also a heartfelt statement of ethnic pride.

THREE ROCKS, Calif.--Later this month, 74-year-old Julian Orozco will don his traditional outfit, mount his horse and ride 70 dusty miles to pay homage to a Gold Rush-era Mexican folk hero who embodies Orozco's own immigrant experience.
Orozco is one of the original horsemen who 20 years ago first made the three-day pilgrimage from Madera to this stark community. This year, he will be joined by more than 100 riders, including his son, Ignacio, and three of his grandchildren, on the annual journey across the sweltering west side of the San Joaquin Valley in search of the spirit of Joaquin Murieta.
"This is a tradition other Mexican families and we keep, something we feel proud of," Orozco said.
Nearly 150 years after Murieta's death, the modern riders will saddle up July 27. They will ride for three days in heat that may top 100 degrees, stop overnight in Firebaugh and arrive at Our Lady of Lourdes Mission Church in Three Rocks. Hundreds of friends, family members and well-wishers will greet them at the church for a Saturday night fiesta.
The next morning, Orozco and the others will eat breakfast, attend Mass and lead a 6.2-mile procession to Arroyo Cantua, the reputed site of the shootout that matched Murieta and his sidekick, Three-Finger Jack, against California rangers on July 25, 1853. Doves representing the men killed will be blessed, sprinkled with dust and released to symbolize the freedom of Murieta's spirit.
For thousands of Mexican Americans, the legend combines ethnic pride and Gold Rush history. For Latino people worldwide, Murieta stands for resistance to Anglo domination and colonial oppression.
Orozco said he considers Murieta a Mexican American folk hero--a Robin Hood figure who came to this country to work in the gold mines but instead turned to crime in vengeance after white settlers robbed and beat him, raped his young wife and murdered his brother.
When Orozco's friend, Sigurdur Christopherson, proposed the expedition two decades ago, Orozco immediately joined, never expecting it to generate such a following.
"The first year, there were only three horsemen and one lady who said she was a great-grandniece of Murieta," said Orozco, a machinist who works the alfalfa fields near Mendota.
After Jess Lopez, a former Madera County supervisor, and Los Charros Unidos de Madera, a group dedicated to preserving the traditions of the Mexican cowboy, got involved, the annual ride began to grow.
This year Orozco expects about 200 people--half on horseback, half in cars carrying food and water--to ride in homage to Murieta and in honor of Christopherson, who died recently.
Every year the riders follow the route they believe Murieta took to his hideaway nestled against the coastal foothills near Three Rocks, about 50 miles southwest of Fresno.
Whether Murieta actually hid out in Three Rocks or was shot at Arroyo Cantua is a matter of debate. A fictionalized account of his life was written in 1854 by a half-Cherokee newspaper and magazine writer, John Rollin Ridge, also known as Yellow Bird. Later writers embellished the tale. Ridge's novel and another written in 1932 by Chicago Tribune editor Walter Burns Noble are often cited as sources for later historical references.
Internationally, the tale spread through translations. Poet Pablo Neruda wrote a play called "The Splendor and Death of Joaquin Murieta," and Ireneo Paz, mother of Mexican poet Octavio Paz, wrote a literary history of Murieta. Hollywood, of course, transformed Murieta into a dashing, romantic lead, most recently in "The Mask of Zorro."
Professor Richard Griswold Del Castillo of San Diego State's department of Chicana and Chicano studies said the Murieta myth is significant to the Latino community on literary, historical and political levels.
"For the Chicano movement, he is a legendary figure, a romantic figure, a political figure," Del Castillo said. "Joaquin Murieta would have been forgotten if not for the Chicano movement. His story echoes the struggle of a people today."
To Orozco, Murieta was like many Mexicans who come to this country to work and support their families. They arrive expecting equality, he said, but often find discrimination.
During the three-day pilgrimage, the modern charros have much time and motivation to think about the abuse and heroism of Murieta. "We think about what he had to endure and what he stands for today," Orozco said. "He is a hero to us."
Del Castillo, in a foreword to a 1999 edition of Ridge's "Joaquin Murieta," attempts to sort through the fact and fiction. Much remains unclear about Murieta, but what is known is that an outlaw named Joaquin Murieta lived in the 1850s and that state rangers were ordered to bring back his head.
There were at least five bandits named Joaquin looting and robbing in California's Gold Rush days. A bandit named Three-Finger Jack--believed to be one of Murieta's gang--was shot by rangers. The rangers returned to Sacramento with the head of a bandit named Joaquin and the hand of Three-Finger Jack pickled in jars that were later displayed throughout the state.
The head apparently was lost during the 1906 San Francisco earthquake, although many people questioned whether the rangers had killed the right bandit.
"This or other tracings of the facts will not damage the Murieta myth," Del Castillo wrote in his foreword. "His eyes flashing, his knife ever ready for a gringo's ribs, his gallantry beyond doubt, his horsemanship superb, and his aim unerring, Murieta will ride down the years as California's great Gold Rush legend. . . . Murieta remains the perfect Gold Rush manifestation of man's compulsion to construct a hero out of the best materials available."

By JACALYN THORNTON, Special to The L.A. Times Sunday, July 9, 2000



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